Tallin: detalles medievales a buen precio

1 noviembre, 2011. Lo escribió Ana. Archivado en: Destinos

Cuando un día de febrero le pregunté a Ernesto qué le parecía que nuestro próximo destino fuera Estonia me puso una cara a medio camino entre la extrañeza y la falta total de entusiasmo. Le regalé la guía de Lonely Planet de Estonia, Letonia y Lituania.  En ese instante empezó a ver que era una propuesta muy interesante y comenzó nuestra aventura. Nada como un poco de información para despertar el interés, ¿verdad? Después de hacer escala en Barcelona, y nada más llegar, Tallin nos recibió con una capa de nieve hasta las rodillas. Hacia tanto frío que casi nos daba la risa. Buscando un lugar calentito en nuestro primer paseo por el centro llegamos a la cafetería Basso.  Necesitábamos algo caliente y nos tomamos nuestro primer Vanatallin con café, resucita a un muerto.

 

Basso

Interior de la cafetería Basso

En nuestra guía aparece la historia de la torre de las telecomunicaciones estonia, conocida como la Teletorn, y la describe como un lugar estratégico en donde se vivieron momentos muy tensos en el intento de golpe de estado soviético de 1991. Aún se pueden ver los impactos de bala en la base. Cuando decidimos visitar la simbólica torre, no pensábamos que estuviera tan lejos. Tuvimos que atravesar un inmenso bosque en un autobús urbano rodeado de tallinesas con las cabezas tapadas con pañuelos, llamábamos la atención mucho. Las vistas que disfrutamos desde las alturas merecieron la pena.

La torre, panorámica desde arriba y detalle del ascensor

Tallin está a 82  kilómetros de Helsinki y cruzar el estrecho es una de las excursiones habituales en la zona. Hicimos la travesía en un barco rompehielos cargado de finlandeses sedientos de alcohol barato, bailando a ritmo de orquesta de verbena. Si no fuera por el mareo nos habríamos reído más de las escenas tan esperpénticas que vimos sobre las moquetas desgastadas.

Sibelius

Monumento dedicado al compositor Sibelius

Es espectacular la entrada al puerto con los embarcaderos de colores y el crujir del hielo como banda sonora. Después de ver el monumento a Sibelius, nos tomamos varias cervezas a nueve euros que hicieron que olvidáramos la lluvia que caía constantemente.

Helsinki nos gustó como ciudad moderna pero nos pareció poca cosa al lado de la imponente presencia medieval de Tallin, a la que volvimos a comernos carne de oso con una buena cerveza de hidromiel en el restaurante Olde Hansa. Aunque sea un establecimiento muy enfocado al turista, la verdad es que ofrecen una cena genial a la luz de las velas.

Es posible que la entrada del país en el euro haya encarecido algo los precios, aún así, sigue siendo un destino en el que el alojamiento, comer y beber es bastante asequible (buscar un vuelo barato ya es otra cosa). Hay una cafetería que se llama Kompressor en la que puedes comer crepes y bolitas de patatas a precio de estudiante y no está nada mal. Para tomar un trago por la noche está muy bien un pub que rinde homenaje a Depeche Mode y que se llama, bueno, se llama Depeche Mode, sencillo, ¿eh?

Por cierto, ahora es una época muy buena para ir a las repúblicas bálticas, no es temporada alta de turistas y aún no hace mucho frío.

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